1930 Russell, Galbraith y unos alfileres

Lo prometido es deuda. ¡¡Allá vamos con la receta de la cremita de coliflor que hemos hecho esta semana en Alborinco y que tuvo éxito!!.

Pon en el fondo de un caldero una o dos cebolletas de cabo a rabo. Mejor las que ofrecemos en Alborinco por ser de confianza. También puedes poner puerro o cebolla. Luego añade un buen pedazo de calabaza y un buen pedazo de coliflor si es muy grande, o una entera si es pequeña. Rehoga todo un poquito. Añade una hoja de laurel y la sal. Añade agua hasta cubrirlo todo y déjalo hervir hasta que la verdura esté hecha. Retira la hoja de laurel y muele todo. Puedes añadir si lo deseas un poco de mantequilla. Servido con pipas de calabaza tostadas te pondrá un diez en la puntuación. ¡¡Buen provecho!!.

Otra receta para variar con las salsas es la bechamel de coliflor. Para ello pon a dorar una cebolleta, o unos ajitos o un puerro picadito muy fino. Cualquier fondo que le quieras poner es ideal. Añade un fisquito de sal marina y por la coliflor desmenuzada añadiendo un chorrito de agua para que se guise mezclando los sabores. Añade nuez moscada cuando la coliflor este al dente y nata de almendra, de arroz o de soja…es decir, cualquier nata vegetal. Si lo prefieres también puedes poner nata de vaca. Lo dejas reducir todo y finalmente lo mueles si quieres que se quede como una crema. En Alborinco lo comimos sin moler y nos gustó la textura de los tropezones de coliflor en el plato de pasta. Puedes añadir eneldo picadito o perejil…le da un toque final.

Y mientras vas cocinando, te invitamos a leer esta reflexión de  uno de los agricultores de Alborinco. Disfruta.

Escrito por Miguel Rodríguez

Lecciones del pasado para afrontar el futuro (Bertrand Russell)

En el año 1932 el profesor inglés Bertrand Russell escribió desde una sociedad en crisis. Reflexionaba sobre el sentido del trabajo, la utilidad del mismo y los valores que subyacen en nuestra cultura sobre la laboriosidad y la ociosidad. Concretamente en un ensayo titulado “Elogio de la Ociosidad” que da título a uno de sus libros comenzaba diciendo:

Como casi toda mi generación, fui educado en el espíritu del refrán “La ociosidad es la madre de todos los vicios”

Decía muy lúcidamente que es evidente que, en las comunidades primitivas, los campesinos, de haber podido decidir, no hubieran entregado el escaso excedente con que subsistían los guerreros y los sacerdotes, sino que hubiesen producido menos o consumido más.

La técnica moderna ha hecho posible reducir enormemente la cantidad de trabajo requerida para asegurar lo imprescindible para la vida de todos. Y nos aporta un ejemplo que pretendo sea el corolario de esta pequeña colaboración: Supongamos que, en un momento determinado, cierto número de personas trabaja en la manufactura de alfileres. Trabajando -digamos- ocho horas al día hacen tantos alfileres como el mundo necesita. Alguien inventa un ingenio con el cual el mismo número de personas puede hacer dos veces el número de alfileres que hacía antes. Pero el mundo no necesita duplicar ese número de alfileres. En un mundo sensato, todos los implicados en la fabricación de alfileres pasarían a trabajar cuatro horas en lugar de ocho, y todo lo demás continuaría como antes. Pero en el mundo real esto se juzgaría como desmoralizador. Los hombres aún trabajan ocho horas; hay demasiados alfileres; algunos patronos quiebran, y la mitad de los hombres anteriormente empleados en la fabricación de alfileres son despedidos y quedan sin trabajo. Al final, hay tanto tiempo libre como en el otro plan, pero la mitad de los hombres estarían absolutamente ociosos, mientras la otra mitad sigue trabajando demasiado. De este modo, queda asegurado que el inevitable tiempo libre produzca miseria por todas partes, en lugar de ser una fuente de felicidad universal. ¿Puede imaginarse algo más insensato?

Finalizaba, y no lo haré en paráfrasis, sino literalmente, de la siguiente manera: En un mundo donde nadie sea obligado a trabajar más de cuatro horas al día, toda persona con curiosidad científica podrá satisfacerla, y todo pintor podrá pintar sin morirse de hambre, no importa lo maravillosos que puedan ser sus cuadros, los médicos o los maestros tendrán tiempo para aprender acerca de los progresos….y sobre todo habrá felicidad y alegría de vivir, en lugar de nervios gastados, cansancio y dispepsia.

…Los métodos de producción modernos nos han dado la posibilidad de la paz y la seguridad para todos; hemos elegido, en vez de esto, el exceso de trabajo para unos y -el desempleo- para otros. Hasta aquí, hemos sido tan activos como lo éramos antes de las máquinas; en esto, hemos sido unos necios, pero no hay razón para seguir siendo necios para siempre.

Por tanto, me permito concluir que tanto Russell como, otro sabio cual fue Galbraith, han analizado la crisis de los años 30 con un lenguaje y una inspiración que parece propia de Julio Verne, solo que no fantaseaban sino que se sustentaban en la observación de la realidad y el cuestionamiento de los dogmas que le habían conducido a la crisis. Actualmente, como entonces, hay que derribar el dogma de las cuarenta horas de trabajo semanales por trabajador y distribuir ese tiempo entre varios. ¿Qué hacer con el tiempo libre?Pintar, caminar, escribir, leer, aprender, amar, jugar, tocar un instrumento musical, crear una sociedad de ocio activo. Estas actividades no requerirán la renta de las veinte horas de trabajo- empleo- entregadas al resto de la sociedad y producirán satisfacción, bienestar, salud y progreso social y cultural. Evidentemente, las cifras no cuadraran si sostenemos los parámetros actuales de consumo suntuario, pero tampoco lo hacen actualmente, y el mayor descuadre es el de la oferta de empleo.

Cuidado no se te queme lo que tienes al fuego. Pincha en la foto y vuelve a llenar tu despensa de ricos aromas para la próxima semana.

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