Hoy hablamos con Antonio, el agricultor de los papayos más dulces

Escrito por Inma Rodríguez

Para cambiar de aires, esta semana vamos a publicar una de las entrevista (hay más, las  iremos publicando poco a poco) que ha hecho Inma Rodríguez Collado a Antonio Alonso, la persona que nos trae los estupendos papayos que parecen trocitos de luna escarchados en dulzor , las super stevias reventonas, las lindas berenjenas que más que verdura parecen púrpuras alhajas brillantes. Podemos seguir con más productos porque,  porque Antonio es de las personas que entiende la agricultura como un modo de vida para sí mismo, compartiendo ese todo  con personas como nosotras.

Antes de dar paso a las palabras que él ha transmitido queremos agradecer el gesto que ha tenido Inma, una consumidora que ha querido implicarse más allá llevando al papel un sentir tan sincero de personas que no tienen tiempo para ello. Cultivar como pretendemos en Alborinco, necesita muchas dosis de amor. Poder transmitir ese amor no sólo en la mercancía tangible es sencillamente hacer poesía. La poesía ¿quién niega que es bálsamo para el alma?. Si lo que comes es poesía, y somos lo que comemos…¡¡sigamos adelante que no vamos tan mal!!. Mil gracias Inma por ayudarnos tanto.

Empezamos con Antonio esta serie, que esperamos sea completa en la medida de nuestras posibilidades, de encuentros con esta gente que tan bien nos está alimentando.

Hola Antonio:

En Alborinco, todo el mundo te conoce como Antonio el de los papayos, o el de la stevia. Pero cuéntanos: ¿qué otras cosas cultivas?

-Son nuestro buque insignia, pero cultivamos casi de todo, desde aromáticas, flores, toda clase de hortalizas, grano para gofio. También algunos árboles frutales. Después de un año, ya somos autosuficientes con las semillas. La variedad aparte de proveer, confiere a la parcela un paladeo para los sentidos. Un gran descubrimiento el asociacionismo y funciona igual en personas y plantas.

¿Puedes contarnos con qué dificultades te encuentras en tu quehacer diario?

-La agricultura es una actividad de alto riesgo y en una sociedad industrializada los productos del campo tienen una paupérrima consideración. Afortunadamente esta inercia se va invirtiendo e iniciativas como ALBORINCO contribuyen a una racionalidad sostenible.

Aprendí hace tiempo que hace falta ingenio y audacia para sobrevivir en el campo, sin esperar nada de las instituciones. Jamás escuché a mis padres quejarse, tan solo amor y agradecimiento por la tierra que les dio de comer y la posibilidad se comer con dignidad. En esa andadura estamos.

Ahora mismo estamos en pleno debate sobre soberanía alimentaria, ¿qué significa para ti en el día a día?

-Nada nuevo bajo el sol, aparte de lo desafortunado del nombre y su ambigüedad conceptual. Aún así aplaudo los intentos por crear conciencia de los alimentos que consumimos. Soy aconfesional pero intento influir con convicción en mi entorno más próximo.

¿Puedes contarnos como te sientes en tu trabajo con Alborinco?

-Soy agricultor a dedicación completa y hago lo que me gusta y fascina en muchas ocasiones. Orgulloso de haber heredado de mis padres cierta sabiduría y un amor inmenso por la tierra, puedo decir que tengo una relación de complicidad generosa con las plantas. Yo confío en ellas y ellas confían en mí.

Alborinco  y yo nos encontramos por casualidad. Hace relativamente poco tiempo  que estoy con ustedes y crece la sensación de que puedo aportar. Un espacio de proximidad entre agricultores y consumidores alejado de eventualidades especulativas. La mecha está encendida.

Si pudieras ¿Pedirías algo en particular al colectivo?

-Más que pedir o exigir, yo insisto en la idea de seducir. Acercarse a las fincas y saciar su curiosidad e interés, ponerle cara, manos, sentidos a los productos que llevan a casa. Recuperar la elaboración y su disfrute como proceso, buscar el deleite y la fantasía mas allá de las propiedades nutritivas o terapéuticas y no perder nunca el lado salvaje.

¿Te gustaría añadir algo más para terminar?

Muy agradecido por vía doble,  la cariñosa acogida  que me ha prodigado la familia de ALBORINCO durante estos meses  y  la participación en el reciente encuentro. Encantado con el entusiasmo derrochado y gratamente sorprendido por las ansias de saber. Por todo ello, sugiero se realicen encuentros más a menudo, bien en fincas, bien en espacios públicos para degustar productos de temporada, conocernos, compartir, debatir, proponer, ……..

Aprovecho también para invitarlos a que sean generosos y agradecidos con la naturaleza, a que busquen la autenticidad de las cosas y el disfrute de lo cotidiano. Recuerden hacer alguna locura de vez en cuando.

Muchas gracias, Antonio, por tus palabras…¡Y por tus productos!

Personalmente me quedo con tu orgullo por la herencia de tus padres agricultores. Y…con el consejo que nos das: no perder nunca nuestro lado salvaje.

¡Hasta el miércoles!

Mientras tanto nos hacemos  una infusión con unas hojitas de la stevia de la fotografía, en lo que se descarga el listado semanal. Buen provecho.

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