CAMPESINO, CAMPESINA: LATIDOS DEL CORAZÓN

Hola una semanita más.

Como siempre nos alegramos muchísimo de verte por este espacio que nos deja expresarnos y permite que nos cuentes tus impresiones cuando vienes a retirar tu verdura.

Esta semana het89890480mos caído en la cuenta del valor de la palabra campesino, campesina. A partir de ahora no podremos utilizar otra,y si sigues leyendo entenderás la razón.

la persona campesina está ligada con la comunidad, a lo rural, al conocimiento ancestral. Es un término amplio.

Se alejada del concepto exclusivo de la empresa en términos económicos en el que se ha convertido la agricultura.

Es un carácter, una forma de vida y de sentimiento. No admite tendencias ni matices en su definición. Está ligado a un concepto integral de trabajo que contempla el trabajo agrícola, la comunidad,el territorio y la sociedad. Cuando decide antropizar el medio, lo hace sin dañar el ecosistema. Ponemos como ejemplo las gavias, lo nateros, las cadenas que aprovechan espacios que hicieron los campesinos, hoy en día fotografías turísticas,frente a ejemplos que hicieron agricultores de paisajes bajo plásticos que con el tiempo dejan imágenes dantescas, como pueden ser las grandes extesines que vemos en rincones como La Aldea, costa de Telde, Juan Grande etc.

Un agricultor es un profesional de la tierra que admite tendencias y matices en su definición. Puedes ser agricultor que envenena la tierra o agricultor que no la envenena.  Un agricultor está legitimado para que utilice la tierra como soporte de una actividad económica. No se le pide conocimiento ancestral ni vinculación con la comunidad o el territorio.

Un espacio como Alborinco necesita a los campesinos y a las campesinas, porque entendemos que el amortiguador necesario de la comunidad es el cuidado. Nuestros agricultores llevan camino de ese distintivo.

Cada vez estamos más convencidas de la importancia de la despensa y de quienes la hacen posible, tanto en su producción como en su organización, teniendo en cuenta todos los elementos que implican felicidad y bienestar común.t56319464

¿Cuándo y cómo fue que pensamos que podíamos comer alimentos con veneno sin envenenarnos?.

¿Cuándo fue que imaginamos que podíamos acabar con el equilibrio del planeta sin que nos sacudiera?

¿Cuándo fue que que creímos en un sistema financiero basado en la injusticia del más fuerte, como un modelo generador de justicia?.

La ilusión es como una dinamo que sigue emitiendo energía con el roce de la rueda. Tenemos motivos para mantenerla.

Te contamos una de las alegrías de esta semana, para contagiarte de los posibles frente a la sensación de los imposibles.

Un empresario hotelero que simpatiza con el proyecto de Alborinco,  quiere comprar productos para hacer el menú de sus clientes. Entiende que Alborinco está haciendo una labor que merece ser expresada a su clientela ya que da valor añadido a su actividad.

Este empresario ha reconocido que el precio al que se le paga el producto al agricultor cuando agota sus canales directos, viéndose obligado a morir en el Merca, es “una basura”, palabras textuales.

Bajo esa actitud, donde se valora además de su beneficio económico como empresario,la justicia en todo el proceso, es fácil hablar de establecer precios justos. Es fácil sentir que las cosas están cambiando. Es fácil imaginar que no estamos locas y sobre todo, es fácil demostrar que todo es posible y que no todos los empresarios son iguales. Una vez más se demuestra que las empresas la hacen las personas y que esa es la razón que las hace más o menos justas. La escusa de que el sistema es así, que aplasta los argumentos de cambio hacia un mundo más justo, es una entelequia que ya empieza a cambiar.

imagen de una huerta ecológicaLos consumidores debemos estar alerta. Las grandes empresas, los grandes supermercados de alimentación, las grandes superficies también se están sumando al carro de la venta verde. Cada vez hay más lineales de productos ecológicos. Ese indicador sólo manifiesta que hay mayor sensibilidad por parte de la sociedad hacia este tipo de productos. Sin embargo estas grandes empresas no hacen un trabajo de defensa al agricultor ni protegen al consumidor. Siguen basándose en un modelo de oferta y demanda agresivo y desvinculado de la comunidad.

Tenemos derecho a saber cómo se produce lo que consumimos, no sólo en cuestiones de cultivos con o sin química sino, además, en qué condiciones laborales y territoriales. Nuestra despensa es una herramienta muy poderosa para cambiar lo que nos rodea, haciendo un mundo mejor.

Un sistema como Alborinco es de producción local y muy vinculado al territorio cercano.

La cadena desde que el producto sale de la tierra hasta que llega a la mesa es corta.

La gestión es ética, justa, pactada y con la defensa hacia la persona que produce y la que consume. Está forma de trabajo está implícita en la relación que se establece entre unos y otros.

En un sistema como Alborinco sólo hay dos pasos, el de recolectar y el de establecer el contacto y supervisar que el producto llegue al destino.

Las recogidas son frescas por lo que evitamos almacenamiento, los contactos directos, por lo que evitamos que pase por diferentes manos.

En Alborinco sólo cabe el respeto a la tierra, al territorio que lo vemos como una madre agredida, a los campesinos y campesinas que están llenos de raíces sabias por donde circula savia, a los consumidores que necesitan ser cuidados en confianza.

En un sistema como Alborinco el libre mercado es un mercado responsable desde el principio al final.

Los agricultores necesitan organizarse tal y como lo están haciendo. Se unen para hacer algo más que vender. Se unen para reflexionar sobre el modelo que pretenden desarrollar teniendo en cuenta todo lo que implica tomar la decisión de vivir de la tierra.

Esta decisión lleva un tejido de seda y cachemir. Necesita amor, sabiduría, conocimiento ancestral, técnicas modernas, apoyo de la comunidad, responsabilidad con el suelo que debe ser durable y perdurable.

Tomar esta decisión es que pongan en sus manos la increíble tarea de limpieza del planeta, donde la industria química, el desconocimiento y la avaricia ha generado enormes facturas que ya estamos pagando.

Aquí lo dejamos por hoy. Nos quedamos con el concepto campesino, campesina, campo…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *