Décimas petroleras

Las Islas Afortunadas
se quedaron sin fortuna
después de ser una a una
por el negocio esquilmadas.
Las mismas gentes malvadas
difíciles de olvidar
que las quisieron llenar
de cemento y lo lograron,
ya con la tierra acabaron:
ahora van a por el mar.

Esos seres antipáticos
dueños de un alma mezquina
quieren ver si la gallina
pone huevos subacuáticos.
Van sus proyectos erráticos
tras el petróleo esta vez;
si sumergen su interés
y usurpan nuestra marea
puede que el futuro sea
más negro que lo que es.

Malditos quienes se atreven
a tener el mal por socio
malditos los que el negocio
de sus intereses mueven.
Malditos los que se deben
a sus amos opulentos;
los que de perras sedientos
siempre que el negocio cuadre
venden a su propia madre
sin sentir remordimientos.

No me vale la codicia
de empresas y mandatarios
sobre los sueños canarios
faltos de tanta justicia.
No vale que la avaricia
en nuestras aguas recale
pero tampoco me vale
que hoy se oponga con orgullo
quien irá a cobrar lo suyo
si al final el chorro sale.

Yeray Rodríguez

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