El ojo del amo engorda el caballo… La hoja de la ama equilibra la balanza

Las personas agricultoras nos hemos reunido el lunes bien temprano, para decir cómo nos sentimos, como se sienten y cómo queremos seguir avanzando.
Esto no es una tienda.
-Nos sentimos cómodos, hay muy buen rollo y buen ambiente.
-Alborinco es una llamada a nuevas personas agricultoras
-Ahora vamos al trote
– dicen.
Nos sentimos como un equipo

Estas eras algunas frases de las personas que cultivan.

Reunión Agricultores Julio 2019

Desean implicarse más, y salvar las distancias que sin remedio existen entre ellos y tú, por temas absolutamente físicos.

Han considerado que una manera de resolver estas distancias es colocando fotos de sus rostros  en el local con una leyenda que ubique.  

Nos alegra que sean las personas agricultoras las que sientan esta necesidad. Es un avance dentro del grupo, una manifestación de que se sienten equipo.

Las personas que cultivan viven a otro ritmo.

Sus realidades empiezan al alba, con el nacimiento del sol. Aunque la tarea nunca acaba, el cambio de tarea llega cuando el sol se pone.
Se guían por el reloj sin minutero de toda la vida: el día y la noche.

En lugar de ir a pilates, van al surco, en lugar de ir al gimnasio, van a musculación del sacho, en lugar de ir a yoga van a las asanas de la siembra, respirando prana de la mañana.

Cuando quedan para hablar de temas de trabajo, lo hacen como hemos hecho este lunes, aprovechan un viaje de mercancía con una propuesta de chocolate y churros.

Con ellos no hay primera y segunda convocatoria.

Van llegando según pueden.
Cuando llega una nueva persona, se hace todo el ritual del saludo.

No hace falta ponerlos al día, pero el saludo es fundamental.

Así, con las llegadas a cuenta gotas, se va haciendo la puntualidad, alcanzando los acuerdos en medio de la algarabía.
Si llega alguna nueva persona citada a la reunión, todas nos levantamos a darle una mano a meter cajas de mercancía en el local para que se siente a la a la mesa cuanto antes.
Así, como te lo contamos, así de fresco y de natural es todo.

Mientras, llega alguien con su termo de chocolate y su bolsa de churros. Un desayuno nada sano pero que sabe a amor, tanto como los ramos de flores que trae Piria cada semana.

Cada nuevo punto aprobado recordamos los anteriores a modo de resumen por si alguien no lo ha podido escuchar.
Como haciendo un mojo, vamos majando las palabras. Nos da gusto avanzar despacio, pero en avance seguro.  

Las personas agricultoras que participan en Alborinco son un lujo.

La energía que desprenden es propositiva, seria y muy resolutiva.
Se siente el cariño, el acogimiento y la buena voluntad.

Además de necesitar ser reconocidos, de ellos ha salido proponerse como los guardianes de la mercancía que traen.
La imagen del producto y su calidad es para estas personas, fundamental .
El asunto no es lo que traen, ya que recién cogido todo está estupendo, sino cómo se va resolviendo el producto con el paso de los días.
Ponemos un ejemplo.
Las lechugas.
Cuando salen de la tierra están tersas, lustrosas, perfumadas, divinas.
Llegan al local después de un trayecto insalvable. Otro día hablaremos de km cero, productos de cercanía y coherencias isleñas.

Volvemos a las lechugas.
Una parte se queda fuera para la venta.
Si el día es de mucho calor, puede que se pongan un poco mustionas las más débiles.
A nosotras que estamos en la venta, pero también en el corazón de quienes cultivan, nos da pena retirarlas porque debemos descontarlas de su facturación.
Muchas personas consumidoras sabiendo esto, aunque las vean algo mustias, se las llevan  porque conocen los trucos de hacerles el boca a boca para resucitarlas.

El mismo agricultor/a, aunque sea un dolor para su alma y su bolsillo, ha decidido sacarlas de circulación cuando no están aptas para la vista.

Esto nos debe llevar a caminar por el carril del medio, tratando de actuar con justicia, ya que el mercado nos ha vuelto muy exigentes, tanto que a veces es imposible mantener esos percentiles de, supuesta calidad (diferente es la cualidad).

Considerando el buen hacer del grupo sabemos que las personas agricultoras harán de guardianes del producto, y las consumidoras harán de vigilantes de quienes cultivan para nosotras.
 

Es normal que tengamos muchas incidencias, y máxime cuando el tiempo está como está, a lo que se suma la simpleza con la que trabajamos.
Bien lo saben las rúculas y las espinacas que a poquito que las dejes fuera de la tierra unas horas ya tienden a estar en posición horizontal.

Esta actitud de cuidado entre unas y otras es una manifestación del trabajo grupal, colectivo y participativo.

Estarás de acuerdo en que la buena voluntad de las personas agricultoras no debe convertirse en una trampa para ellas.  

No olvidemos que sus economías son muy frágiles.

Hemos visto que hay algunas personas agricultoras que tienen la tendencia a devaluar sus productos porque vienen de ojo revisor del mercado convencional.
Un ejemplo muy claro, Saray con sus cebollas chicas, que tendremos esta semana.
Pensaba regalarlas por pequeñas.
No lo podemos permitir, ni siquiera podemos permitir rebajarles el precio a las personas productoras.

Como resumen: los agricultores quieren demostrar su implicación aún más con un proyecto honesto y transparente como es Alborinco.

Nosotras y tú debemos asegurarnos de que lo que hacen con todo el cariño es justo y equilibrado.

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