El precio es lo de menos,

El día a día a veces no nos deja ver lo que de verdad está ocurriendo a nuestro alrededor. La vorágine nos impide observar analíticamente cómo se van transformando las cosas, cómo lo imposible se va haciendo posible…cómo los milagros se consiguen con la perseverancia y si me apuran la fe…

Digo esto porque esta semana hemos visto parte de ese milagro, parte de ese imposible. Cada semana las personas que vienen a Alborinco lo hacen con la humildad, el respeto, la sensibilidad y la confianza que hemos estado cosiendo durante todos estos años. Ver una proyección de todo lo mencionado, tan clara, en el espejo de la actividad del local, ha sido como tomar un tónico rejuvenecedor. Nos ha aportado energía suficiente como para seguir en la misma línea, sin desfallecer, pese a que el camino no sólo ha sido y es algo pedregoso sino que a veces nos parece que lo estamos abriendo con cinceles.

Esta imagen la hemos visto esta semana con una cosa tan insignificante como las habichuelas. Sí, esas señoras “verdelarguiluchas”, tan estiradas, que siempre van en pandilla y se comportan como el banco de peces en el mar. Digo esto porque lo que hace una hacen las demás. Si una se apulgona, allá van todas a lo mismo, si una se amarillea, allá van todas…siempre van en masa.

Para no irme por las ramas con los regodeos del sentir de las habichuelas, voy al grano. Pues resulta que esta semana estas señoras estuvieron muy cotizadas en el mercado, tomando precios de hasta 8 euros el kilogramo; ¿qué pasó en Alborinco?, pues que no hubo una avalancha de demanda de habichuelas, pese a que el precio es mucho menor. Cada cual llevó lo que necesitó, y muchas personas no llevaron porque la semana anterior pedimos algo de colaboración para no tener que devolverlas a quien cultiva.

Esto lo pudimos observar gracias a una grata visita que tuvimos. Un grupo de personas mayores que ya trabajan en pequeños huertos querían conocer nuestro funcionamiento, visitando luego algunas de las fincas más cercanas. Al conocer los precios de las habichuelas no dudaron en llevar para aprovechar “la oferta”. Este hecho es el que nos permitió parar un poco, respirar, observar y sentir un regocijo profundo por contar con el grupo de personas que frecuentan Alborinco, sintiéndose parte de la idea. Todas las semanas vivimos la rica experiencia de contar con la confianza de todas las personas que se acercan a llenar sus cestas de sabores y olores.

Esa semana aquí lo que más se demandó fueron los tomates, a raíz del correo que enviamos pidiendo colaboración con los mismos, independientemente del precio que puedan tener. Esto sólo ocurre cuando creemos en lo que hacemos.

El grupo de Alborinco merece uno y mil aplausos. Mandamos con estas palabras un reconocimiento a todos los gestos de respeto y comprensión que recibimos cada semana. El grupo de Alborinco es un ejemplo de que los milagros existen y que las cosas que parecen inamovibles e imposibles son posibles y cambiantes. En Alborinco tanto quienes producen como quienes consumen son personas que parten de la igualdad de su condición. A partir de ahí, todo es posible sin comernos el mundo.

Bueno, al menos podemos comenzar por probar un buen trozo de estos riquísimos papayos mientras se descarga la lista de pedido semanal

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>