Estévanez, Unamuno, los almendros, sigue la historia

Hay un poema de Estévanez que rezaba al final “mi patria es del almendro la dulce, fresca e inolvidable sombra”. Una anécdota cuenta que, en los ambientaes literarios, cuando desterraron a las islas a Don Miguel de Unamuno,  debatieron con él la producción literaria de varios autores canarios, entre ellos el tinerfeño de crianza Estévanez, con calle en plaza. Le dieron a leer el poema de Nicolás Estévanez y Unamuno una mente preclara,  por aquel entonces internacionalista, sentenció: “El hombre que piense que su patria es la sombra de un almendro, merece que lo ahorquen en él”.

Siguen pasando los años y parece que la polémica con los almendros sigue, esta vez con otros motivos menos literarios y de pensamiento filosófico y político, lo pueden oir  pinchando aquí o leerlo pinchando en la flor de un almendro del Llano del Aire.

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