LA ALACENA, ESPACIO A RECUPERAR.

La alacena era un lugar modesto, humilde en el hogar donde se guardaban los alimentos caseros que debían durar tiempo y ser racionados .

IMG_3653[1]Se nutría de las tareas de la tierra, la vida campesina, donde tenia mucha importancia el núcleo familiar y el cuidado. Las mujeres eran las hacedoras y guardianas de este espacio sagrado, la obra de arte donde se utilizaban todos los sentidos.

Este espacio se llenaba de la vida y los olores de cada lugar. Aproximarse a una ellas era una aventura casi personal, un sello distintivo de la comarca que se iba reduciendo al secreto inconfesado de una manera de hacer particular. Según el sitio y la persona, era la característica.

Del que yo procedo, la alacena me evoca el recuerdo al olor de higos pasados,a porretos, uvas pasas,queso de cabra, mermeladas de la fruta que se agolpaba en cada estación, ron miel y coñac, que en mezcla aliviaba los dolores de muelas de nuestras abuelas y seguro que más de un dolor de pecho, a dulces de la dulcera que pasaba con el coche cada domingo…

Este pequeño habitáculo colocado estratégicamente,  ayudaba a educar poniendo límites. No se podía hozar en ella sin permiso. Se llegaba a convertir en un objeto deseado. Hacíamos pequeños atracos en la oscuridad o en la ausencia de los vigías. Estos podían ser cualquiera, desde chivatos que se aliaban de vez en cuando hasta adultos que hacían la vista gorda según conveniencia.

En navidad eran las truchas las que perfumaban. Ella misma en su papel de mobiliario era testigo del trabajo en cadena donde se implicaban abuelas, madres, tías, primas y nietas…manitas menudas haciendo monifatos con la masa sobrante, para chascar juguetitos con sabor a casi nada.

La alacena al igual que la abuela, siempre olía a caramelos en las faltriqueras y a dulces mezclas de maceraciones. Aire que sólo emiten espacios estabilizados como las viejas despensas.

Yo diría que la alacena es el lugar santo donde desea acabar el fruto de la tierra. Lo que desprende me lo tomo a modo de epitafio. En cuanto a la sensación que puede producir en el ser humano, creo que es la hormona de enraizamiento que ayuda a encontrar el sentido de la vida.La existencia comunal asociada a la tierra queda con desazón sin esta dama que si no se ha conocido es muy difícil entender la magnitud de lo que hemos perdido.

Un día,el humilde mueble de formica o el agujero perforado en zona fresca, que hacía de alacena en las cocinas minimalistas, pasó a ser un espacio de familias declaradamente pobres con matices de ignorancia. Los nuevos ricos e ilustrados dejaron de necesitarla. Seguramente todo ocurrió casi al mismo tiempo y al mismo ritmo. Industrialización, revolución verde, cambio de modelo, éxodo a las ciudades, grandes industrias alimentarias…

Imagen de nubes en gran canariaLa alacena se pervirtió llenándose de latas, refrescos, empaquetados o botes rellenos de aglomerantes. Se convirtió en un mueble con sucedáneos de alimentos perecederos que llegaban de lugares desconocidos, fabricados por máquinas, sin saber cómo, en condiciones de esclavitud, contaminantes y destructivos del tejido equilibrado que existía.

A partir de este momento, en ninguna casa que se preciara de normal faltaba el pedacito de lineal surtido de supermercado .

Ya no había aromas. Dejó de haber tiempo para los sobes de fruta, dejó de venir la leche para el queso, La dulcera dejó de repartir dulces porque las normativas no entraban en la alacena.

La abuela empezó a chochear, eso dicen. No paraba de preguntar cuándo iban a tostar el millo para hacer la tafeña con la que invitaba a sus hijos el día de la visita. El día del tueste todo olía a millo recién tostado y crujiente. Lo guardaba en una lata, y la lata, en la amiga de los secretos a voces. 

Las truchas en navidad se empezaron a comprar a cachos con obleas prefabricadas. Los monifatos dejaron de hacerse porque las manos menudas empezaron a ser menos. Empezó el rumor de que la abuela trabajaba demasiado y se cansaba mucho. La abuela en su chochez prefirió ir de invitada a cenar en navidad, comiéndose la trucha de la dulcera que había montado una dulcería con códigos de barras. No eran como las suyas, pero también estaban buenas, decía la abuela vestida con estampados de cachemir que le habían regalado, como cada año por navidad.Es que hasta la abuela se había vuelto rara. No sabían qué le podía gustar porque no le gustaba nada de lo que le ofrecían.

La abundancia en los botes de nocilla, los mejillones en salsa, las sardinillas en escabeche, los espárragos que sacaban de un apuro, las cervezas, los vinos, los refrescos,los yogures,  los panecillos crujientes desplazaron del sitio a los higos pasados, los porretos, el queso, el mantecado, los mimos, la tafeña…las salazones ya no eran necesarias y los potajes empezaron a ser muy caros y laboriosos. Eso decían.

Se aniquiló de manera silenciosa un espacio ligado al conocimiento ancestral, siendo mucho más que un mueble para almacenar. Se cambió inconscientemente el espacio que invitaba a compartir desde la autenticidad con el valor de lo personal, ligado a la pertenencia de un lugar y la dignidad de un pueblo, por todo lo contrario, carente de valor y valores.

El mueble de estantes en una flamante cocina destruyó el cariño de las manos artesanas de cada hogar, borró con manos invisibles el vínculo con la tierra, la necesidad de compartirpolvorones sin manteca en alborinco, el sentimiento de prudencia por entender el sentido del alimento como tal. 

Su desaparición ha sido un claro reflejo de la destrucción de la comunidad vinculada a la tierra y al ser humano como elemento a cuidar.

No sé qué fue primero, si el mueble moderno pensado para ser despensa o las colas del supermercado para llenarlo.Recuperarla es tomar conexión con lo que nos rodea, entrar en sentimiento de seguridad y tranquilidad con nuestro entorno.Debemos indagar en la forma actual de protección a las personas que nos proporcionan el alimento, así como a quienes consumen. Las alacenas son el ejemplo de la reconstrucción y el cuidado, corresponden al conocimiento vernáculo siendo un espacio que hace el lugar.

Reconstruir la sociedad implica recuperar la alacena.

 

Escrito por Loli Rodríguez

1 Comentario

  1. Felicito a Loli Rodriguez porque su evocación de las alacenas no puede ser mas emotiva ni más hermosa. Yo viví aquellos tiempos en los campos de Gran Canaria, y ahora Loli me los ha hecho revivir gozosamente. En efecto, hay que recuperar las alacenas, porque ello implica recuperar las cualidades humanas que tanta falta nos van a hacer en un futuro inmediato. Gracias.

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