La “tarvina”

Una de esas palabra oídas a los que tienen aún más años que nosotros es “tarvina o tarbina”, “me comí una tarbina de leche y gofio, ¡que me supo! ”. La Internet tiene cosas buenas y cosas no tan buenas, pero de entre las cosas buenas es que rompe barreras, es una generosa fuente de conocimientos, ayuda a mitigar el aislamiento que nos impone nuestra geografía, a encontrar raíces de nuestra cultura, aquí y allá, reforzar lazos con quien se deje  y a sentirnos menos singulares de lo que a veces nos quieren hacer creer con fines espurios.

Una simple visita al Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua en la red, nos pone en la pista: la palabra “tarbina” no existe, buscamos  entonces “tarvina” y nos responde: “La palabra tarvina no está registrada en el Diccionario. Las que se muestran a continuación tienen una escritura cercana.”, “talvina” , seguimos con el enlace y nos responde:

talvina.

(Del ár. hisp. attalbína, y este del ár. clás. talbīnah).

  1. 1.       f. Gachas que se hacen con leche de almendras.

Como la palabra “gachas” tampoco es que la usemos mucho, pues seguimos la pista en el propio Diccionario de la RAE, «la que limpia fija y da esplendor». Entre otras acepciones de esta simpática palabra “gacha”, está la tercera: 

gacha.

 3. f. pl. Comida compuesta de harina cocida con agua y sal, que se puede aderezar con leche, miel u otro aliño.

“Harina cocida”… o sea que en realidad nuestros “escaldones” de gofio,  bien sean de leche, caldos de pescado o carne,  son derivados las tradicionales “talvinas” a las que se asemejan por su forma de elaboración y sus ingredientes.  Realmente es una comida de extracción humilde y existen páginas enteras de recetas de talvinas de las más variadas. Esta forma de hacerse unas gachas varía con la geografía y dependen mucho de los ingredientes más típicos en cada lugar, pero donde parece ser un plato de culto es por la zona de Almería y sus famosas talvinas de Vera.

Pero bueno, como estamos donde estamos, vamos a hacernos unas gachas,  o tal vez talvinas, o el eterno escaldón de leche y gofio al modo y manera que uno está acostumbrado:

Se hierve la leche con un palito de canela, una cáscara de limón, unos granos de sal (poca porque la leche enseguida lo denota) y hasta unos granos de anís o matalahúva le quedan bien (para los gases he oído), pero esto último es opcional y menos frecuente;  se le añade una o dos cucharadas de gofio (cuidado que espesa) y se remueve en el fuego hasta que adquiera la consistencia que cada cual desee. Particularmente algunos no removemos del todo el gofio y dejamos que parte de él se quede hecho pelotitas, así será más entretenido.

Una vez hecho viene lo más importante, se vierte en un tazón o escudilla y se deja enfriar un buen ratito hasta que haga costra  por encima y se espolvorea con azúcar en el momento de la ceremonia, aunque como idea podría sustituirse ésta por miel, sirope o por nada, aunque amarguras dicen que las justas pues la vida suele darlas sin pedirlas. Se debe degustar a  temperatura ambiente, o  ligeramente tibio, si se “zampa” caliente se disfruta menos del sabor porque hay que engullir a toda prisa, a mitad de camino se rechupetea la cáscara de limón y hasta el palito de canela, ¡mmmm, ay mi madre!.

En la imaginación y en el espíritu de aventura e innovación de cada cual está en sustituir la leche, por horchata (leche) de almendras, o de soja y no quedará mal, seguro que no.

Ahora, mesa, mantel y a disfrutar del escaldón mientras nos bajamos el pedido semanal que esta semana viene con otro aspecto.

Un comentario

  1. Yo lo he conocido toda la vida por ralera de gofio y sin tantos ingredientes, la lechita calentita, las cucharadas de gofio sin remover mucho para dejar las pelotitas y que luego éstas exploten con todo su sabor, mmmmm;P

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