LOS PRECIOS DEL MIEDO Y LA COSTUMBRE

IMG_7092Repetimos frases y comportamientos. A veces no lo podemos evitar. El miedo y la costumbre nos puede…digo yo que es el miedo y la costumbre..si no ¿qué otra cosa puede ser?.

He estado durante varios años dedicando parte de mi tiempo a trabajar la tierra. Allí aprendí cosas que nadie me había enseñado jamás.

Llegué a ella con mil musarañas en la cabeza y un despiste emocional considerable. En aquel momento mi despensa tenía que estar llena de embutido para los imprescindibles bocadillos, matahambres legitimados; leche de tetrabriks para el desayuno; huevos porque su proteína decían que era necesaria; azúcar porque para amarguras nadie estaba; latas de productos del mar para las visitas, compañeras de la cervecita que aflojaba las tensiones, y así un montón de cosas más que me obligaban a estar en la cola del supermercado varias veces al mes.

Cuando empecé a meter las manos en la tierra descubrí la baja forma física que tenía. La tierra me sacudió poniéndome el sacho en las manos. En poco tiempo descubrí un buen gimnasio lleno de cantos, de sonidos del viento y de aromas estacionales, así como un buen terapeuta. Al cabo de unos meses me volví sorprendentemente fuerte.

Cuando empecé a recolectar mis primeras verduras fui cambiando el esquema de la alimentación. Dejé de necesitar cosas del supermercado y poco a poco fue desapareciendo todo aquel género que parecía fundamental en mi despensa.

La tierra me enseñó a mirar de otra manera. Me hice preguntas de por qué los agricultores preferían plantar más para vender más barato. Mi experiencia me decía que lo mejor era plantar menos y vender a precios razonables.

Me hice preguntas de por qué seguían en el afán de querer venderlo todo sin dejar nada para alimento de la tierra, y luego compraban estiércol para abonar. Si nos saltamos las mentiras que nos contaron en la revolución verde, siempre se supo que la materia orgánica alimentaba el suelo.t89890480

Entonces, ¿qué problema había en dejar las hortalizas que no se vendían , al precio establecido en asamblea, vendiendo lo mismo todo el año?.

Yo podía pensar así y llevarlo a la práctica porque no vivía de la agricultura. Mis garbanzos no dependían de las lechugas o los tomates que plantaba. Por lo tanto, parecía que era fácil para mí plantear estas cosas.

Han pasado los años y sigo pensando igual. Ahora trabajo de lleno en la organización y venta de los productos de los agricultores que trabajan sin química, estando de manera plena en los acuerdos tomados para la comercialización.IMG_6037

…Y ocurre una y otra vez. Mientras no arden las barbas de nadie, todos alaban este principio de comercialización de precios estables que han decidido los propios productores. Sin embargo a poco que tienen excedente se llenan de miedo y de costumbre y abaratan precios.

Pensar en dejar en la tierra lo que han plantado los raya. Es normal. Tenemos grabado a fuego que la comida no se tira, y aunque no se considere que se tira porque queda para la tierra, es un acto que a ojos de cualquiera, aberrante.

Me posiciono y les pregunto si no les es más fácil vender menos ganando lo mismo, que vender más ganado a veces menos, trabajando el doble y con más costes a la hora de colocar la mercancía.

Me miran y me dan la razón y quieren de verdad hacerlo respetando lo acordado. Sin embargo llega el momento y se activan los mecanismos del contagio de otros productores que bajan precios. El miedo y la costumbre es más fuerte que acariciar el sueño de no llevarse sobresaltos con los precios. No pueden sopIMG_2805[1]ortar que yo se los pague a un precio mayor que el precio al que lo dejan a otras tiendas…y entonces sigo adelante y digo -ese no es el precio pactado. Lo pagaremos a su precio…y se crea una situación llena de sentimientos que nos sacan de la simple relación comercial, nos convertimos en camaradas. Yo siento que cumplo con la palabra y ellos sienten que no están sólos. Aunque trate de mantenerme no siempre es fácil, y a veces por no hacerlos pasar por una situación tan complicada emocionalmente, cedo, pero lo manifiesto cuando vendo el producto. Es importante que sepamos esto para que podamos combatirlo entre todos y todas.

En este bucle se encuentran las personas que producen y pretenden vivir de ello, en un juego aprendido que no se sabe muy bien a quién beneficia. La realidad es que en términos generales los productores cobran cada vez menos y los consumidores pagan cada vez más.

Sólo los consumidores podremos cambiar este proceder destructivo para el tejido agrícola. Si damos seguridad a los productores y no entramos en el juego de los precios, ellos podrán seguir sin sobresaltos permitiendo que los consumidores también consuman sin sobresaltos.

Nos quejamos de los intermediarios, sin embargo las mañas de los propios agricultores llevados por el miedo y la costumbre, puede generar la misma sensación desmotivadora para quienes trabajan  la tierra. Desde otro lugar, es como si los agricultores dejaran desbocarse al intermediario que llevan dentro, faltando al pacto de caballeros.

Los consumidores podemos desactivar ese comportamiento, aliviando ese pequeño infierno derivado del miedo y la costumbre.

 

Escrito por Loli Rodríguez 

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