LUZ CONTRA EL FUEGO

Escrito por Inma Rodríguez

Cuando mi marido dijo: ¡Venga Luz, tenemos que salvar nuestra casa! fue un momento decisivo.

Yo ya había vivido dos incendios en Guadá.

Cuando ocurrió el primero, tenía 8 años. En esa ocasión me quedé bloqueada. Fue muy traumático.

Luego vino el del 78. En ese momento, ya con 11 años, lo viví como más de lejos, como en un película, aunque me impactó ver a mi madre cogiendo cosas para irnos de casa y refugiarnos en las laderas.

Ahora esa opción no nos hubiera servido de nada.

Los viejos dicen que el fuego en Guadá tiene que apagarlo la gente de Guadá.

Pero el de ahora fue mucho más grave que cualquier otro. El efecto climático complicó mucho la evolución.

Vino por el suelo. Los palos de la luz y las palmeras se quemaron de abajo arriba.

Mi marido decidió quedarse y yo no quise dejarlo solo. Estaban también mi hermana y mi cuñado.

Enfrentamos al fuego unidos. Fue una experiencia especial que creó lazos nuevos entre los cuatro.

Creo que si no evacúan habría muerto al menos el 50% de la gente.

El fuego vino por el viento, pero luego se acabó y quedó el humo sobre el barranco, parado como una nube. Lo combatimos como pudimos, con toallas mojadas en la cara.

En unos minutos se produjo como una onda expansiva, desde el fondo del barranco hacia las laderas se prendió todo.

Luego quedaron pequeños puntos ardientes; salimos de la casa para intentar apagar lo que pudiéramos.

Ese día, el domingo, yo estaba muy relajada, más que otros días. El día anterior habían evacuado, pero todo estaba muy tranquilo. Parecía que ya no bajaría el fuego. Subía a la azotea, al anochecer, y vi la explosión. Pasaron los camiones rápido y me puse muy nerviosa y ansiosa. Entonces, todo se acelera: Como cuando te pones de parto; hay un momento, cuando rompes aguas, que ya no hay vuelta atrás; todo va muy, muy deprisa. Se acaba la incertidumbre: ahora está todo claro.

Una lengua de fuego venía hacia mi. Había dos frentes en mi casa: cercados por el fuego. Y yo bloqueada.

Entonces fue cuando oí a mi marido gritar:-¡Venga Luz, tenemos que salvar nuestra casa!

Cuando tiré desde la terraza el primer cubo de agua y vi que la llama retrocedía, eso me dio mucho valor.

Vivimos momentos muy especiales con mi hermana y su marido, luchando juntos. ¡Estamos bien! ¡Lo conseguimos!

Visto desde este momento, preferí estar alli que evacuada. Valió la pena el esfuerzo.

Mi hermana no quería dejar a su marido. Yo había intentado llevármela, pero ella insistió. Y opté…

Luego bromeábamos, que hasta para eso tuvimos momentos; mi cuñado decía: -anda, que no te llevabas a tu marido, sino a mi mujer. Y yo: -a quien quería salvar era a mi hermana, no a tu mujer.

Mucha gente evacuada nos llamaba para saber de sus casas. Era muy duro para ellos no saber cómo se encontraba el pueblo y les servimos de ojos.

Guadá era un polvorín.

La gente de Guadá tiene verdadera fobia al fuego. Nunca nadie de aqui pegaría fuego en ningún lugar.

Mientras reflexionamos sobre las pequeñas historias y las grandes esperanzas con las que los animosos gomeros haciendo de tripas corazó, se enfrenta una vez más a los restos del fuego descarga el pedido semanal pinchando aqui

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>