LLEGA LA TALEGA DE GOFIO A ALBORINCO

imagen gofio en alborinco

Acaba de llegar el gofio. Huele a molino de piedra, a personas de calma, a nobleza. Es la añoranza reconvertida en presente. Ahora que la OMS advierte sobre las carnes rojas y sus derivados, en Alborinco seguimos subrayando el resumen de la salud.

La comida de nuestros abuelos, para quienes andamos sobre los cincuenta,  era sabia, y ellos conocían muy bien el gofio y sabían de sus virtudes.

Ellos tejían en las urdimbres del territorio y del equilibrio sostenible. Para hacer el gofio hacía falta un cultivo de papas para que el millo limpiara la tierra, hacía falta una junta de personas que ayudaran a descamisar y a desgranar. Hacía falta el trigo para hacer la era donde se ponía el millo a secar.

IMG_1948Hacía falta un maestro pedrero que hiciera una piedra de molino que supiera encajar a nivel un ingeniero campesino.  Hacía falta una cabra para dar leche y hacer raleras y escaldones de gofio. Hacía falta un pescador que trajera el pescado de la mar para hacer caldo de pescado con gofio revuelto de conduto.

Hacía falta la salina con el salinero para hacer el sancocho con pescado salado y pella de gofio. Hacía falta el burro, el caballo o el buey para trillar el grano y hacer potajes para el gofio revuelto. Hacía falta la parra para acompañar con vino el amasijo del zurrón que amasaba  la pella del trabajo. El gofio necesitaba de las manos de una mujer  que o amorosaba para ser el digno alimento que que hoy nos enorgullece en ALborinco.

Viene recién molido de Valleseco, cultivado por Antonio y Raúl en Teror. Te invitamos a que lo pruebes. Su aroma invade este espacio lleno de huerta.

 

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